jueves, 21 de enero de 2016

CHOPIN TRISTE HASTA EN EL SHOPING








Héroe polaco, tipo raro y amante desesperado, pero sobre todo, maestro sin suerte: desde sus comienzos como niño prodigio de Varsovia hasta su tortuosa muerte en París, Frédéric (o Fryderyk) Chopin encarna la genialidad de un pianista cuyas obras han marcado a generaciones de músicos.Frydrych Franciszek Chopin había nacido en Zelanowa Wola, cerca de Varsovia, protegido de todos los males. Su padre, Nicolas Chopin, trabajaba como profesor en un instituto, garantizando una confortable estabilidad a su mujer y sus cuatro hijos. Y toda la familia se volcó en el niño prodigio. Durante años, Chopin padre apoyó a su indeciso y nostálgico hijo, animándole a probar suerte en Viena tras acabar el colegio y el conservatorio.Sin embargo, la metrópolis imperial se convirtió en un callejón sin salida para el joven pianista. Aunque sus obras tempranas, especialmente sus conciertos para piano, causaron una cierta admiración, el público vienés se mostraba inaccesible. Y maldecía el momento en que partió de Varsovia: "Estoy harto de todas las cenas, veladas, conciertos y fiestas; me aburren".Para colmo, sufrió la tisis, presagio de la posterior tuberculosis. Y le atormentó su relación a distancia con Konstancja, una amiga del jardín de infancia.Pero la música de Chopin estuvo también muy politizada, o así la entendían al menos sus compatriotas. Los sonidos patrios, sus armonías y melodías inspiradas en bailes de campesinos calaron entre los polacos, que llevaban siglos luchando por un Estado propio.Chopin sufrió toda su vida mirando como espectador hacia su país, mientras sus contemporáneos disfrutaban de vidas independientes."Un cadáver ha dejado de vivir, y yo también estoy harto de la vida", escribió el joven de entonces 21 años tras conocer las noticias de su patria. Más en www.somoselespectador.blogspot.com