sábado, 13 de febrero de 2016

VICENTE HUIDOBRO PARA CAIDAS

Tradicionalmente se pensaba que el hombre debía conquistar a la mujer. Este hecho resultaba en diversas acciones para enamorarla, entre ellas: llevarle serenata, dedicarle una canción, recitarle poesía, llevarle flores, entre muchos otros gestos o atenciones. Con la liberación femenina, nacida hacia la mitad del siglo XX, los papeles han cambiado para que haya menos diferencia entre ambos sexos. Aún se sigue trabajando para lograr una igualdad real.En Latinoamérica existen, y han existido, innumerables poetas con una producción artística impresionante, estos son sólo 5 de muchos. Con suerte, quizá se abra la curiosidad del lector para que investigue y conozca el bello universo de la poesía latinoamericana.
Mujer el mundo está amueblado por tus ojos
Se hace más alto el cielo en tu presencia
La tierra se prolonga de rosa en rosa
Y el aire se prolonga de paloma en palo
Al irte dejas una estrella en tu sitio 
Dejas caer tus luces como el barco que pasa
Mientras te sigue mi canto embrujado
Como una serpiente fiel y melancólica
Y tú vuelves la cabeza detrás de algún astro
¿Qué combate se libra en el espacio?
Esas lanzas de luz entre planetas
Reflejo de armaduras despiadadas
¿Qué estrella sanguinaria no quiere ceder el paso?
En dónde estás triste noctámbula
Dadora de infinito 
Que pasea en el bosque de los sueños
Heme aquí perdido entre mares desiertos
Solo como la pluma que se cae de un pájaro en la
   ( noche
Heme aquí en una torre de frío
Abrigado del recuerdo de tus labios marítimos
Del recuerdo de tus complacencias y de tu
   ( cabellera
Luminosa y desatada como los ríos de montaña
¿Irías a ser ciega que Dios te dio esas manos?
Te pregunto otra vez
El arco de tus cejas tendido para las armas de
   ( los ojos
En la ofensiva alada vencedora segura con orgullos
   ( de flor
Te hablan por mí las piedras aporreadas
Te hablan por mí las olas de pájaros sin cielo
Te habla por mí el color de los paisajes sin viento
Te habla por mí el rebaño de ovejas taciturnas 
Dormido en tu memoria
Te habla por mí el arroyo descubierto
La yerba sobreviviente atada a la aventura
Aventura de luz y sangre de horizonte
Sin más abrigo que una flor que se apaga